lunes, 27 de mayo de 2013

El drama de la escuela moderna

El drama de la escuela moderna es que es una fabrica de parados futuros. Los cimientos sobre los cuales se asienta el modelo capitalista occidental de la escuela esta inspirado en el sistema prusiano de escuelas infantiles.


Un modelo mejor, un futuro mejor.

El conocimiento de cosas técnica, de reglas y normas, de hechos y acontecimientos no es suficiente. El futuro necesita personas que estén dispuestas a pensar fuera de los marcos actuales, se necesitan personas que no tengan miedo al fracaso y lo acepten como parte integral del aprendizaje. Se necesitan ciudadanos comprometidos que no tengan miedo a discrepar y a abrir debates sobre todo. Necesitamos gente integral, que tenga conocimientos, positivismo y sean inquisitivas.

Existen en el mundo otro tipo de escuelas. Otro tipo de enseñar a los niños los conocimientos que necesitaran para una vida futura. El método Montessori por ejemplo a sido un existo a la hora de cultivar de forma integral todo el potencial de los alumnos.

De la wikipedia:

"Este método educativo se caracteriza por poner énfasis en la actividad dirigida por el niño y observación clínica por parte del profesor. Esta observación tiene la intención de adaptar el entorno de aprendizaje del niño a su nivel de desarrollo. El propósito básico de este método es liberar el potencial de cada niño para que se autodesarrolle en un ambiente estructurado. El método nació de la idea de ayudar al niño a obtener un desarrollo integral, para lograr un máximo grado en sus capacidades intelectuales, físicas y espirituales, trabajando sobre bases científicas en relación con el desarrollo físico y psíquico del niño. María Montessori basó su método en el trabajo del niño y en la colaboración adulto - niño. Así, la escuela no es un lugar donde el maestro transmite conocimientos, sino un lugar donde la inteligencia y la parte psíquica del niño se desarrollará a través de un trabajo libre con material didáctico especializado."

Elogio a la persona docente

Las personas que dedican su tiempo y esfuerzo a cultivar en los alumnos los conocimientos y preparar a los niños para poder enfrentarse a las futuras responsabilidades merecen todo nuestro respeto y admiración. Mas aun cuando su labor se ve entorpecida e incluso imposibilitada por un modelo educativo industrializado cuyo objetivo choca frontal mente con las necesidades del futuro adulto.

Los profesores usan las únicas herramientas que se les deja usar y hacen lo que se les ha enseñado a la hora de enfrentarse a una clase. Recuerdan y reproducen lo que ellos mismos han sufrido en su etapa escolar, reproduciendo y perpetuando de forma inconsciente un modelo fracasado de educación.

Mi elogio y reconocimiento a su esfuerzo y todo mi aliento en su difícil e importante tarea.

La fabrica de parado

El modelo actual se basa en doblegar al alumno para que se adapte a la futura vida en una fabrica. Reproduce a escala el modelo de fabrica del siglo XIX. El profesor no es quien cultiva los conocimientos del alumno y lo guía en el descubrimiento de sus talentos. El profesor tiene el deber, consciente o no, de quebrar el libre albedrío del niño para que obedezca y se atenga a las reglas de la fabrica que es la escuela.

La imposición de horarios para una u otra materia, el silencio impuesto para recibir instrucciones, el castigo por saltarse las normas, las notas para fomentar la competitividad el inducir complejos de inferioridad a los que no sacan buenas notas, el miedo al fracaso, la parálisis cuando nadie nos dice que tenemos que hacer. Todo esto es lo que de forma inconsciente se transmite el ambiente de la escuela actual.

Lo que sale de las escuelas son medio-adultos dis-funcionales con enormes taras psicológicas que le impiden desarrollar todo el potencial que como seres humanos tenemos al nacer. ¿Cuantos Einstein se habrán perdido? ¿Cuantos Steve Jobs? ¿Cuantos Mozart habrá destruido la escuela?

Cuando uno abandona la escuela en el siglo XXI se le exige que sea pro activo cuando se le ha enseñado a ser pasivo. Se nos exige que seamos creativos cuando se nos ha reprimido toda la creatividad. Se nos pide que nos arriesguemos cuando se nos ha enseñado a temer al fracaso.

Serán los estudiantes de hoy trabajadores hormiga de mañana. El drama es que el futuro no necesita ovejas, necesita creadores e innovadores.

Necesitamos repensar COMO enseñamos, no QUE enseñamos.

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